20 AÑOS Y DECIDIÓ FABRICAR BARBIJOS

Iara Szlazer, quien hasta hace poco diseñaba trajes de baño, decidió dedicarse a la fabricación de barbijos.

Con tan solo 20 años, Iara es estudiante de arquitectura y siempre sintió pasión por el diseño. Todavía cursando en la facu, decidió avanzar con su propia marca de bikinis. “Arranqué este emprendimiento hace 5 años fabricando indumentaria. Al poco tiempo y viendo los resultados mis amigas me sugirieron que lanzara una línea de diseños exclusivos de trajes de baño y así nació @MarkBikinis”.

Todo parecía ir en el camino correcto hasta que llegó la pandemia producida por el Covid-19. Preocupada por la situación mundial, buscó la manera de aportar su granito de arena. “Se me ocurrió cambiar en respuesta a la necesidad y la falta que había de barbijos. Y así colaborar con el mensaje para que la gente no desabastezca los insumos medicinales. Diseñé tapabocas trabajando con un material que no sea descartable y además tiene la cualidad de ser de lavado y secado rápida, como es la lycra”.

La joven diseñadora no solo dejó de lado su emprendimiento e hizo barbijos, si no que además decidió donar las ganancias a una ONG. “Viendo cómo ayudar y solidarizarme con la gente frente a esta situación, comencé a vender los barbijos con la idea de destinar lo recaudado a las personas más vulnerables. Lo poco que guardo es para poder comprar las telas y seguir fabricando. Para que la donación tuviera un buen fin me vinculé con la gente de Convidarte31, una ONG que se encarga de armar viandas y distribuir para los más necesitados. Y decidí sumarme a su campaña y colaborar activamente cocinando viandas y donando insumos”.

Iara se encarga todos los días de la confección de los barbijos, y además cocina una hora diaria para preparar las viandas de la ONG.

La joven talentosa afirma que los cambios no son fáciles para nadie. Dice que tuvo que buscar la manera de adaptar su negocio a las necesidades que tocan vivir hoy en día.

Dice que el proceso de producción no fue sencillo. “Tuvimos que pasar varias pruebas hasta lograr llegar al molde que mas nos convenció. Me sirvió mucho escuchar a mi abuela -una persona mayor la que extraño horrores en la cuarentena y está en el grupo de riesgo-, quejarse porque los tapabocas comunes de algodón le provocaban picazón y el elástico le molestaba atrás de las orejas. Siempre fui de escuchar a los clientes y me basé en sus comentarios para ver que cosas podría ir mejorando. Así que puedo decir que los hice para que a mi abuela le queden bien”.

Szlazer dice que a medida que los clientes le iban comprando tapabocas, ella iba haciendo más. Ahora afirma tener siempre stock disponible. Asegura que todos los días vende tapabocas y que se siente muy orgullosa de haber actuado rápidamente ante la situación de crisis.